¿Un diario de campo?
- Ma. Camila Núñez-Gómez

- Mar 31
- 15 min read
DISCLAIMER: no soy antropóloga, esta puede que sea la primera vez que pienso en hacer y que (intenté) hago un diario de campo.
Acepto comentarios.
Diario de campo: Zipaquirá y Nemocón (marzo de 2024)
Viernes 15 de marzo de 2024 - nos fuimos a Zipaquirá y Nemocón
El viernes fuimos a un viaje que, honestamente, era más de paseo que de campo, pero sí tenía una intención exploratoria, si puedo usar esa expresión. Quería ir a Zipaquirá y Nemocón para ver qué podía encontrar, pero también aprovechar el entusiasmo de mis papas y mi hermana (más mi mamá, si soy honesta) para acompañarme a hacer estas cosas.
Así que el viernes nos fuimos con la idea clara de que en Zipaquirá solo íbamos a buscar entrar al “Museo de la Salmuera” en el Parque de la Sal, parte de las atracciones de la Catedral de Sal de Zipaquirá. Esto, por mi parte, porque ya había entrado a la Catedral en un par de ocasiones y mi familia también, pero también porque no tenía interés en repetir este paseo particular y porque sabía que no iba a encontrar ahí información que me sirviera. Intuición o sospecha que confirmé conversando con otras personas unos días más tarde.
En fin, llegamos a Zipaquirá, tomamos algunas fotos y busqué hablar con alguien para cuadrar entrar solo al Museo. Había llamado unos días previos y sabía que era posible y que costaba más o menos $4000 la entrada. Pero al llegar allá, las caras de incertidumbre de las personas en la taquilla me pusieron nerviosa por un momento, hasta que me dirigieron a hablar con DS en una oficina cercana a la taquilla, desafortunadamente no recuerdo su cargo.

Después de presentarme y contarle brevemente mi interés y el porqué de visitar solo el Museo de la Salmuera, el preguntó algunas cosas a sus compañeros y habló un par de cosas en el radio y me dijo, parafraseando un poco, que si quería, la próxima visita guiada empezaba en 15 minutos y, al preguntarle cuánto debíamos pagar por la entrada las 4 personas, me dijo, tranquila, sin costo. Con esto, el primer agradecimiento de varios que vendrán luego en este diario, va para DS.
Así, mi papá con tinto en la mano y yo con mi libreta de piñas, que no esperaba que terminara siendo tan importante en este mes de archivo y de Bogotá, entramos a la visita guiada de las 11:30 am, creo.

El museo es un paseo por debajo del parque de la sal, un recorrido por los que eran los antiguos recipientes de recolección de la salmuera y su posterior procesamiento. La guía, de quien desafortunadamente no recuerdo el nombre, nos dio la visita y nos compartió la información sobre como resultó habiendo sal de Zipaquirá (una historia que se remonta miles y miles de años atrás con el Mar Tetis como protagonista), el proceso de extracción (niveles de la mina) y producción de sal, así como la historia de la primera Catedral de sal y la segunda.

La visita, que no es larga pero que encontré muy valiosa, termina en una sala semicircular grande en la que se proyecta un video titulado “La sal” con el logo de “Señal Memoria” en la esquina superior derecha. Un video de los años 40-50 sobre la mina, los trabajadores, las Catedrales y Zipaquirá. Cheverísimo para mi ojo de investigadora (luego en casa rastreé el video en internet y en catálogo de Señal Memoria, en el que encontré otra serie de tesoros y tuve la oportunidad de verlo en su totalidad en línea con los respectivos permisos).
De esta visita aproveché esta oportunidad de encontrar fuentes y lugares de exploración.
Al salir del museo, confirmé con la guía dónde podía encontrar el video y tomamos otras fotos con la escultura del minero, lugar icónico del Parque de la Sal.
De acá quise indagar sobre posibles archivos o de alguien para hablar sobre las salinas en mi periodo de investigación, pero DS ya no estaba y me dijeron que la empresa de la Catedral no tiene tanto o mucho que ver con la información de salinas, explotación y producción de la sal, menos de la yodación. Pero me indicaron una reja azul, a unos metros de la taquilla, en donde está ubicada la planta de la empresa que actualmente se ocupa de la extracción, procesamiento, y etc. de la sal en Zipaquirá y, aprendí luego, de Nemocón.
Redacted, la historia con ellos es un poco más complicada y en el momento en el que escribo esto aún no estoy segura de visitar la planta, pero sigamos.
Llegué a la reja azul en donde hablé con el guarda de seguridad, don J, y me dijo que el ingeniero O, jefe de mina, ya no estaba pero que viniera el lunes a primera hora para hablar con él, que era muy buena gente y que seguro no tendría problema para hablar conmigo, contarme el proceso de la sal y mostrarme la planta. Esto me dio esperanza y luego de que él mismo me adelantara un poco el proceso, me despedí y cuadré para ir el martes a “primera hora”, por cuestiones de pico y placa del carro de mis papás que sería mi medio de transporte.
Con esto, como dije, esperanzada y emocionada, me reencontré con mi familia que había dejado sentada tomando alguito bajo una sombrilla en el Parque de la Sal, les conté lo que había estado haciendo y partimos. Así cogimos el carro y bajamos por donde habíamos subido decidiendo que era mejor almorzar en Zipaquirá y luego ir a Nemocón donde sí íbamos a entrar la mina, que mis padres y mi hermana no conocían.
Bajando, una cuadra después de la entrada al Parque de la Sal vi un letrero “Archivo General” que llamó mi atención, buscamos un número de teléfono con mi hermana mientras pasábamos, pero nada. La historia del archivo es otra un poco más larga, pero luego la cuento. Anoté el nombre en el celular y procedimos a almorzar en un restaurante ahí cerquita.
Luego, tomamos rumbo a Nemocón y como 40 minutos después llegamos y dimos un par de vueltas mientras la navegadora, yo, se ubicaba en cómo y dónde estaba la mina y dónde dejar el carro. Finalmente parqueamos al frente de la tienda de una veci que nos dijo que podíamos dejar el carro ahí y nos indicó la entrada a la mina, ahí no más, y, en realidad, si era una subida ahí no más.
Ya con el tiquete comprado nos unimos a una visita guiada que empezaba, como todas, en el Museo de Historia Natural. Era un grupo grande con varios niños y niñas, siendo sincera, no me entusiasmaba mucho el grupo, pero queríamos esperar al otro grupo que iniciaba en 30 minuto aproximadamente. Después del Museo pasamos a recoger cascos y cofias para poder entrar a la mina, pero siendo el grupo tan grande nos estábamos demorando más de lo que queríamos en ese paso. Mi mamá, que es de poco esperar, notó un grupo más pequeño que ya había bajado a la entrada y nos fuimos detrás.
Bajando las escaleras, primer paso, y uno retador, para entrar a la mina, la guía de ese grupo nos vio y nos dijo que era mejor esperar el grupo en el que estábamos… “tiene mucha gente” dijo mi mamá, y al hecho de que ese grupo era en inglés, mi mamá señaló, muy decidida, hablando de mi hermana y de mí, “ellas entienden”. Un poco resignada, y yo un poco apenada pero también aliviada de tener un grupo más pequeño, la guía aceptó. De nuevo, desafortunadamente no recuerdo el nombre de ella, pero acá va otro gran agradecimiento a nuestra guía de Nemocón, quién no solo nos aceptó en su grupo, sino que adaptó su discurso y nos hizo el recorrido en inglés y en español.

El recorrido de la mina de Nemocón lo recomiendo, es una buena atracción turística y es interesante con toda la información sobre la minería y el comportamiento de la sal, con algunos datos del jet set del cine.
Después del recorrido, me acerqué a la guía y aproveché para preguntarle información sobre mi investigación, allí fue donde me enteré que, el Museo de la Sal, una parada que había programado si estaba disponible, aunque ya había visitado unos años antes, pero que, igualmente, siendo muy honesta no le tenía tanta fe, estaba cerrado y, más aún, muy descuidado. En esta charla, también me enteré de que redacted en Zipaquirá y redacted en Betania procesan la salmuera que sale de Nemocón.
Salimos de allí, tomamos otro par de fotos y cogimos el carro para emprender el camino de vuelta a Bogotá que, en hora pico, es lento y largo y no amerita que lo narre. Pero así terminé un primer día de campo/paseo a Zipaquirá y Nemocón.
Martes 19 de marzo de 2024 - de vuelta a Zipaquirá, varios hilos para rastrear
Como habíamos planeado con don J y mis papás, el martes madrugamos y emprendimos el viaje a Zipaquirá, esta vez mi mamá se quedó en la casa. Planeando llegar a las 8:00 am, llegamos a la puerta de Redacted a las 8:40 am aproximadamente y saludé al vigilante de turno. No obstante, acá es donde las cosas empiezan a no ir tan bien.
El vigilante, que no era don J, al presentarme y preguntarle por el Ingeniero, me indicó que estaba ocupado en una cita.
Ahora, yo había buscado información de contacto en internet, pero la empresa no tiene mucha presencia al público y no logré conseguir algún medio de comunicación y don J solo me ayudó con el nombre del Ingeniero, pues no cuentan con autorización para compartir números o direcciones de correo electrónico, por lo que él no me compartió nada de esto. Así que yo sabía que venía un poco a ciegas, sin cita ni nada, a la planta, pero igual me sorprendió un poco la no disponibilidad del ingeniero.
Logré conseguir el número de celular del Ingeniero. Lo llamé, me presenté, le dije qué investigaba y que me interesaba visitar la planta y hablar con él sobre ella y el proceso de la sal y la yodación y etc. Me dijo que OK, pero que solo me podía atender en la tarde, de 2 a 4 pm. Siendo las 9:00 am, lo consideré pero le dije que luego lo llamaba para confirmar, que muchas gracias.
El viaje ese día incluía averiguar si podía entrar, ver, estar en el Archivo General. Había encontrado un correo electrónico para consulta sobre esta posibilidad, pero habiéndolo enviado el lunes, no había tenido respuesta. En el carro llegamos al Archivo, cerrado con cadenas y candado, sin anuncios, ni información más que el letrero que había visto el viernes pasado y nos fuimos a la Alcaldía a preguntar. (días después tuve respuesta y el secretario fue muy amable en remitirme, después de insistencia mía, algunos archivos y fotos antiguas, después de informarme que no había nada relacionado con mi tema en el Archivo).
En medio de esto, les voy a ahorrar la angustia, descontento y preocupación de mi papá con respecto a lo de Redacted, que me tocara esperar todo el día y el hecho de que encontrábamos cosas cerradas, las múltiples preguntas y el ir y venir de saber con quién hablar y perseguir pistas, pero es el oficio. Es un papá siendo papá.
Buscando la Alcaldía, llegué al Palacio de Gobierno en la Plaza Principal y allí conocí a RJ de la Secretaría de Gobierno de Zipaquirá, a ella otro de los grandes agradecimientos de este escrito. Al llegar allá me presenté y le pregunté cómo podía acceder al archivo. Contándole mi investigación, me indicó que fuera a la Dirección Administrativa para hablar con MI, pero la respuesta a las preguntas sobre si podía consultar el archivo o un catálogo de los documentos, fue que el catálogo no existía y que no se podía entrar al Archivo porque lo estaban precisamente organizando. Siendo así, fue más o menos una puerta cerrada, aunque me dijeron que en 6 meses más o menos podía averiguar de nuevo.
Con esta noticia volví donde RJ a ver si me podía conseguir más ayuda y ella tenía en la cabeza a un señor que trabajó con ella en Turismo en algún momento, CR, lo llamó, le contó más o menos mi interés y le dijo que si podía ponernos en contacto. Y así fue, me dio el teléfono de él para que lo llamara y además me remitió a la Casa Museo Quevedo Zornoza para que hablara con ZC, de pronto allá me podrían ayudar o dar más información.
Con esto, le agradecí, llamé a C, me presenté y efectivamente era un señor muy amable que estuvo dispuesto a reunirnos luego en el día. Siendo así, aproveché el carro y fuimos al Museo, que según maps, estaba abierto, pero resultó estar cerrado. Después de esto, nos sentamos a tomar un tinto y tomé la decisión de efectivamente quedarme a explorar opciones, verme con el Ingeniero y con el señor C. Llamé al ingeniero y nos pusimos de acuerdo en vernos en la Planta a las 2:00 pm. Finalmente, mi papá y mi hermana se fueron a Bogotá como a las 10:00 am y yo me quedé a esperar mi cita con en Redacted y averiguando aquí y allá por fuentes e información.
Así, me devolví al Palacio de Gobierno y le dije a R que el Museo estaba cerrado, llamó y, al parecer, acababan de abrir, allá iría al salir del Palacio. Antes de eso, me dijo que aprovechara y subiera al segundo piso a “Turismo” a ver si de pronto allá me ayudaban con más información.

Subí y en las escaleras esta la placa de la frase del presidente Lleras Camargo y la sal, excelente haberla podido ver (foto). Llegué a la oficina y, como ya me voy acostumbrando cuando pregunto por la información, caras de incertidumbre. Allí las señoras no tenían información, me remitieron a la empresa de la Catedral (que ya sabemos no tiene nada que ver con el tema) y me mostraron un libro recientemente publicado sobre los 25 años de la Catedral. Fueron muy amables, pero finalmente un camino sin salida.
Saliendo del Palacio, de nuevo le agradecí a R y me dirigí al museo Casa Quevedo, el cual ya encontré abierto. Al entrar encontré a dos señoras en la oficina, la que sería mi guía EP, y otra señora de quién no recuerdo el nombre. Finalmente, al presentarme y contar qué era lo que me interesaba, parecía que el Museo y ellas no tendrían mucho material o conocimiento sobre la sal y la yodación en los 50 y 60. Pero igual yo quería visitar el museo, honestamente, como les mencioné a ellas, me parecía interesante igual visitar un “Museo de tradiciones y costumbre de Zipaquirá” como lo es el Museo Casa Quevedo Zornoza. Siendo así y con el entusiasmo contagioso de EP, otra gran agradecimiento a ella, pagué $5000 pesos de la entrada e iniciamos el recorrido.
En corto, el Museo está ubicado en la que era la casa de la Familia Quevedo Zornoza, especialmente de Guillermo, un amigo de Gabo (que estudio su bachillerato en el internado Colegio Mayor de Varones) y músico muy reconocido principalmente en Zipaquirá. El tour muestra las habitaciones y los dos patios, cuenta con mobiliario original, así como otros artefactos originales. Es un buen recorrido y EP fue una magnífica guía, muy presta a dialogar sobre el Museo, sobre la familia, sobre Zipaquirá y la vida en esos tiempos y sobre Gabo, pero también tratando de encontrar hilos de relación con la sal. Después de terminado el recorrido salí hacía el recomendado Colegio de Gabo y por ahí cerca a la Casa de la Cultura Arturo Wagner (una fundación cultural privada).
En el Colegio hay varias placas conmemorativas y algunas fotos y sigue funcionando como colegio, fue más curiosidad el ir allí que por encontrar información específica del tema. Luego me dirigí a la Casa de la Cultura, de pronto habría alguien con quien conversar o incluso documentos, pero al llegar encontré la puerta cerrada y un letrero impreso pegado con cinta en la puerta diciendo que estaba cerrado por Semana Santa. Finalmente, otro camino sin salida.
De allí entonces, emprendí camino a la Biblioteca Regional de Zipaquirá, recomendación de EP también, una caminada que, en el mapa no se veía tan larga, pero fue tremendo paseo a pie. Al llegar, me encontré de nuevo con personal muy amable, pero con poco conocimiento sobre el tema o de la existencia de información sobre él. No obstante, ingresé y en la destacada “Colección local” encontré algunos libros sobre la historia de Zipaquirá, tomé algunas fotos, pero, finalmente, tampoco encontré archivos u otros documentos. Desde allí llamé a don C para concretar nuestra cita, le dije que estaba en la biblioteca y me preguntó si había encontrado algo, yo le dije que muy poco, y él, como confirmando y tal vez con un poco de pena, dijo, mjm.
De ahí le dije entonces que salía de nuevo para el centro y que nos encontrábamos frente al Palacio de Gobierno, me dijo que iba con un amigo que también le interesaba la historia y así quedamos. Esta vez no volví a caminar y al llegar a nuestro punto de encuentro lo llamé y nos encontramos unos minutos después. Al presentarnos, les dije, tal vez muy sorpresivamente que, si íbamos a almorzar, ellos me dijeron que acababan de comer onces, pero que me acompañaban y me indicaron un restaurante para ir. Muy amables ambos, me acompañaron a almorzar mientras conversábamos.
Estos dos señores, muchos agradecimientos para ellos también, son CR y WH, apasionados por la historia, particularmente por la historia de Zipaquirá y “Vigías del Patrimonio”. En corto, les interesa reivindicar la historia de Zipaquirá como municipio, alejado del foco que se le da únicamente de la Catedral de Sal. Ambos han trabajado en ello por años y tienen un interés profundo en ello. Al escucharme atentamente sobre mis estudios y mi investigación me contaron de algunos materiales que tenían y, más que todo “quejas” sobre el foco que se le da a la Catedral, mientras al tiempo el abandono al municipio y todo lo que es, especialmente lo relacionado con la producción y comercio de la sal y la importancia del municipio en la historia nacional.
Hablamos, y nos quejamos, un poco de la falta de archivos o acceso a ellos y el olvido de muchos documentos. Finalmente, cuando ya debía irme a mi cita en la Mina con el Ingeniero, intercambiamos correos y números de teléfono, les agradecí inmensamente su disposición y tiempo y nos despedimos y quedamos en estar en contacto. Unos días más tarde, WH cumpliendo su palabra, me envió un correo con fuentes primarias, fotos y recortes de prensa que consideró pertinentes para mi investigación.
Después de esta mañana movida y de un almuerzo motivante, caminé al Parque de la Sal, llegué a la reja azul faltando 10 para las dos y le dije al señor vigilante, el mismo de la mañana, que tenía cita a las 2:00 pm con el Ingeniero O, pero la mirada que me dio ya me advirtió de que todo no andaría tan bien. Me dijo que él acababa de salir a Nemocón y entre mi cara y la incertidumbre, me dijo, "llámelo y dígale que está acá, de pronto no demora en volver". Así que lo llamé, diciéndole que estaba ahí ya lista para nuestra cita, a lo que me respondió que estaba en camino a Nemocón pero que había dejado al Ingeniero M para que hablara conmigo. Ok.
Con esto, el celador me anunció y me dejó entrar a las 2 en punto, y conocí al Ingeniero M. Me presenté, le expliqué mi investigación y mi interés y en resumidas cuentas me dijo que OK, pero que necesitaba una carta solicitando permiso de mi universidad o de un profesor a la empresa. Voy a acortar la angustia y el mal genio generado por cada una de las sorpresas y obstáculos que se me presentaron en el transcurso de esa hora en la oficina del ingeniero, pero con muchas gestiones e incomodando a mi profesor Josep a las 8 de la noche en España, conseguí la carta identificándome como estudiante, describiendo mi investigación y la necesidad de visitar la planta y conocer el proceso y se la envíe al correo de M. Él me había dicho, después de estar en el celular con el Ingeniero O, que con esto podría darme él el tour de la planta, OK. Luego, me dijo, ya habiendo logrado gestionar la carta, de nuevo colgando el celular, que no, que tenía que estar el Ingeniero O presente, y bueno, ese día no podría ser. Mirando las posibilidades de días, eran pocos pues la semana siguiente iniciaba Semana Santa y yo tenía otros compromisos de archivo en Bogotá antes de regresar a España el 29 de marzo, pero confirmé qué días estaba el Ing. O, el Ing. M me dio, ahora sí, datos de teléfono y correo de él para confirmar la cita y me fui.
En medio de esto, mientras esperábamos mi carta o las actualizaciones del ingeniero Kevin, discutí con el mi frustración y sorpresa por estos pasos de los que no había tenido advertencia, la falta de información en internet o del personal, que me impidió preparar mejor el proceso o tal vez con más tiempo, y el hecho de que el ingeniero O no estuviera en la cita que habíamos organizado. Aproveché y le pregunté algunas cosas, más que todo sobre la presencia de Redacted y su gestión de la sal.
Ahorro de nuevo el relato de la ida a Bogotá, esta vez con el factor de frustración que esa interacción me había dejado. Pero la historia no termina ahí.
Miércoles 20 a martes 26 de marzo de 2024 - negativas y aprendizajes
Habiendo enviado la carta de mi profesor ese mismo martes, esperé un par de días para llamar al Ingeniero M y preguntarle sobre una cita con el Ingeniero O, pero al conversar con él, me dijo que llamara al propio O, OK.
Lo llamé, pero me dijo que había enviado mi carta a Gerencia para pedir el permiso y que no había tenido respuesta, esto fue el jueves o el viernes, que me avisaba. Mis esperanzas ya cada vez más en 0. Finalmente, no tuve respuesta ni por correo o llamada sobre este proceso y el martes 26 llamé finalmente al ingeniero O a ver si de pronto el miércoles, que no era festivo, podría ir a la planta, pero finalmente me dijo que Gerencia había dicho que no. No insistí más, pero le solicité que me enviara una respuesta formal por correo, del proceso y la negativa. Es el momento en el que no he recibido ninguna comunicación y no he vuelto yo a establecer contacto.
Esta es la triste y frustrante historia de cómo no pude visitar la planta de Redacted en Zipaquirá.
No obstante, como le expresé a mi familia, y como espero que se refleje acá, no doy por perdida mi vista a Nemocón ni las dos visitas a Zipaquirá, creo que es parte del proceso de investigación. Las negativas, los obstáculos, las caminadas y los archivos ocultos enriquecen el proceso. Y por supuesto, las personas en el camino son una ganancia valiosa en esos ires y venires a ver qué me encuentro. Además, este brochazo de Zipaquirá me permitió también tener una nueva perspectiva de búsqueda en los archivos de Bogotá, así como poder dar luz personajes como los mineros, los hornos abiertos y cerrados y ese entramado local de lo que fue la yodación y el funcionamiento de la Concesión de Salinas en relación con los discursos salubristas y legales.
Todas las fotos usadas en esta entrada fueron tomadas por mi, a menos que sea mencionado lo contrario.
Cambié nombres o uso abreviaciones y oculto información privada por confidencialidad.
Cosas para tener en cuenta: para este momento ya estaba viviendo en España, por lo que no era cosa de cualquier día estar en Colmbia, poder visitar estos lugares y hacer archivo en Bogotá.



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